El duelo no es una enfermedad: es la forma en que el amor se despide. Pero a veces el dolor se enquista, y entonces conviene no atravesarlo solo.
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La muerte de un ser querido, una ruptura, la pérdida de la salud o de un trabajo, un diagnóstico difícil… Cada pérdida importante abre un proceso de duelo, y cada persona lo vive a su manera y a su ritmo. No hay una forma 'correcta' de estar triste.
Pedir ayuda tiene sentido cuando el dolor no evoluciona: cuando pasan los meses y la vida sigue parada, cuando aparecen culpa, rabia o síntomas de ansiedad y depresión, o cuando no se pudo despedir. En terapia damos espacio al dolor, ordenamos lo vivido y acompañamos hasta que la persona puede recordar sin romperse y volver a implicarse en su vida.
Si te identificas con varias de estas señales, una consulta puede ayudarte a poner nombre a lo que ocurre y a saber qué hacer.
Un proceso claro, con objetivos definidos desde la primera sesión.
Un espacio seguro donde poder hablar de la pérdida sin miedo a cansar o a preocupar a los tuyos.
Trabajamos los asuntos pendientes, la culpa y los recuerdos, respetando siempre tu ritmo y tu manera de vivirlo.
Acompañamos la vuelta a las rutinas, los vínculos y los proyectos, integrando la pérdida en tu historia.
No hay un plazo fijo, pero si tras varios meses el dolor sigue igual de intenso, interfiere en tu vida diaria o aparecen síntomas de depresión, una valoración profesional te ayudará.
Sí. Las rupturas, los despidos o la pérdida de salud también son duelos y responden muy bien al acompañamiento psicológico.
Sí, nuestro equipo infantil ayuda a los niños a entender y expresar la pérdida según su edad, y orienta a la familia sobre cómo acompañarles.
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